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Fecha de publicación: 12 de Enero de 2026 a las 11:42:00 hs

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Medio: INFOBAE

Categoría: GENERAL

Revelan el principal obstáculo para los trasplantes de riñón de cerdo en humanos

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Descripción: Un estudio publicado en Nature Medicine mostró que la inmunidad innata tiene un rol clave en los xenotrasplantes renales en pacientes vivos

Contenido: Un estudio reciente documentó cómo responde el sistema inmunológico de una persona viva tras recibir un riñón de cerdo modificado genéticamente.

Los resultados publicados en la revista Nature Medicine mostraron que los tratamientos habituales para evitar el rechazo no logran impedir que el cuerpo ataque el órgano a largo plazo.

Los científicos desarrollaron modificaciones genéticas en cerdos para hacer sus órganos más compatibles inmunológicamente y así ofrecer una alternativa para los miles de pacientes en lista de espera.

El procedimiento analizado involucró a un hombre de 62 años con enfermedad renal terminal, quien recibió un riñón de cerdo con 69 modificaciones genéticas el 16 de marzo de 2024 en el Hospital General de Massachusetts, Boston.

El equipo fue dirigido por el nefrólogo Leonardo Riella, junto a Thiago Borges, ambos de Harvard Medical School, con colaboración de centros médicos de Brasil, como el Hospital Albert Einstein.

Según la investigación, la intervención supuso un precedente al realizarse en un paciente vivo con insuficiencia renal avanzada, lo que la diferencia de experimentos previos en primates no humanos o cuerpos sin vida.

Dos meses después del trasplante, el paciente falleció por una afección cardíaca crónica anterior al procedimiento, relacionada con fibrosis miocárdica, sin vínculo directo con el xenotrasplante.

El estudio describió que, tras la cirugía, el organismo del receptor identificó el órgano como ajeno y generó una respuesta inmunológica compleja. Durante la primera semana, se produjo un rechazo celular mediado por linfocitos T; este episodio fue controlado con inmunosupresión intensiva.

Aunque lograron frenar la respuesta adaptativa, la inmunidad innata, particularmente mediante monocitos y macrófagos, persistió durante todo el seguimiento, como reporta Nature Medicine.

El régimen inmunosupresor incluyó antitimocítica de conejo, rituximab, esteroides, anticuerpo anti-CD154, tacrolimus, ácido micofenólico y bloqueadores del complemento. También se administró anticuerpo anti-IL-6R ante el rechazo agudo.

A pesar de estos tratamientos, se registró una marcada reducción de linfocitos T y B en sangre, mientras que células mieloides y dendríticas aumentaron proporcionalmente, junto con altos niveles de citoquinas proinflamatorias como la interleucina-1 beta.

Los análisis transcriptómicos, proteómicos y metabolómicos revelaron que, tras el rechazo inicial —clasificado como grado 2A según Banff—, la supresión de la inmunidad adaptativa fue eficaz, pero la inmunidad innata siguió activa y generó inflamación prolongada en el injerto.

Estudios de imágenes y biopsias mostraron infiltrados de linfocitos T y macrófagos, especialmente del tipo M2, evidenciando la dificultad de eliminar completamente la activación inmunitaria innata.

Ambas fuentes coinciden en que no hubo evidencia de rechazo agudo mediado por anticuerpos, lo que atribuyen a la eficiente depleción de células B y bloqueo de mecanismos de costimulación. Sin embargo, comparaciones con trasplantes renales convencionales en humanos revelan un notable parecido en los perfiles moleculares durante episodios de rechazo.

Para supervisar el estado del injerto, los equipos emplearon la medición de ADN libre circulante derivado del riñón porcino trasplantado. Nature Medicine señaló que este biomarcador no invasivo aumentó ante daño tisular y disminuyó tras el tratamiento, lo que lo convierte en una opción viable para detectar rechazo sin recurrir a biopsias frecuentes.

Los investigadores destacan la relevancia de estos biomarcadores, ya que permiten un monitoreo en tiempo real de la función del injerto y podrían transformar el control posterior al trasplante al evitar procedimientos invasivos.

El estudio subrayó que la inmunosupresión estándar orientada a la inmunidad adaptativa no es suficiente para garantizar la supervivencia de los órganos en xenotrasplantes. La persistencia de la inmunidad innata, manifestada por la presencia de monocitos, macrófagos y citoquinas inflamatorias, representa un reto importante, lo que indica la necesidad de terapias personalizadas para controlar este tipo de respuesta.

Además, Nature Medicine señaló que las futuras estrategias deberían combinar edición genética avanzada en los donantes animales, apuntando a vías proinflamatorias específicas, junto con inmunosupresión adaptada para regular ambas ramas del sistema inmunológico.

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