Fecha de publicación: 11 de Enero de 2026 a las 11:02:00 hs
Medio: INFOBAE
Categoría: GENERAL
Descripción: Durante esta época del año se recomienda evitar el uso de fundas de tela y reducir el uso del teléfono en exteriores
Contenido: Durante los días más calurosos del año, millones de usuarios descubren que su teléfono móvil se convierte en un dispositivo vulnerable. Las olas de calor y las altas temperaturas propias del verano pueden provocar desde fallos en el funcionamiento diario hasta daños permanentes en la batería y otros componentes esenciales.
Esta realidad obliga a extremar cuidados y entender cómo el calor impacta en el rendimiento y la vida útil de los smartphones.
El uso intensivo del teléfono bajo el sol o en ambientes cerrados y mal ventilados, como el interior de un automóvil, incrementa notablemente la temperatura interna del dispositivo. En cuestión de minutos, el equipo puede superar los umbrales térmicos seguros fijados por los fabricantes.
Apple, Samsung y Google coinciden en que la temperatura ideal de operación para un smartphone se encuentra entre 0 y 35 °C Cuando se supera este rango, el sistema adopta medidas de protección: reduce el rendimiento, limita el brillo máximo de la pantalla, ralentiza la carga o, en casos extremos, apaga automáticamente ciertas funciones para evitar daños mayores.
Un teléfono sobrecalentado no solo responde más lento. Puede reiniciarse de manera inesperada, presentar bloqueos o directamente apagarse de forma automática.
La calidad de la conexión móvil también se ve afectada, ya que algunas marcas optan por reducir la potencia de las antenas para minimizar el consumo de energía y la generación de calor. Todo esto altera la experiencia de uso y pone en riesgo los componentes internos.
La batería de litio es el componente más sensible al calor. Cuando se expone de manera repetida a temperaturas elevadas, sufre un proceso de envejecimiento prematuro. Según los expertos, cada episodio de sobrecalentamiento acelera la degradación de la batería y disminuye de forma permanente su capacidad para retener carga.
El problema se agrava con las cargas rápidas. Aunque los fabricantes han diseñado cargadores que minimizan la transferencia de calor al teléfono, si el equipo ya está caliente, la propia carga puede ralentizarse o incluso desactivarse para evitar riesgos. Es frecuente notar que el teléfono tarda más en cargarse en pleno verano o que la función de carga rápida no se activa.
Las consecuencias de una batería dañada no se perciben de inmediato, pero a mediano plazo se manifiestan en una menor autonomía y en la necesidad de reemplazos costosos.
Los teléfonos actuales incorporan sistemas de gestión térmica que entran en acción cuando la temperatura interna sube más allá de lo recomendable. Una de las medidas más habituales es el estrangulamiento térmico (throttling): el dispositivo reduce la velocidad de su procesador para evitar un recalentamiento mayor.
Esta técnica, habitual también en computadoras, impacta sobre todo a los modelos de gama media, que pueden experimentar lag o saltos en el funcionamiento durante tareas exigentes.
Incluso acciones cotidianas, como navegar por redes sociales o utilizar el GPS con el brillo al máximo, pueden disparar la temperatura en días de calor extremo, forzando al teléfono a operar por debajo de sus capacidades habituales.
Los especialistas sugieren varias estrategias simples para minimizar el impacto del calor:
Visitas: 0