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Fecha de publicación: 8 de Enero de 2026 a las 13:13:00 hs

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Medio: TN

Categoría: GENERAL

Un estudio neurocientífico propone una nueva y singular mirada sobre la mente en blanco

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Descripción: No es distracción ni ensoñación: la ciencia identificó breves lapsos en los que el cerebro deja de procesar la experiencia consciente, incluso estando despiertos.

Contenido: Hay momentos en los que los ojos siguen abiertos, el cuerpo permanece alerta, pero por dentro no sucede nada. No hay pensamientos errantes, ni imágenes, ni recuerdos: solo vacío. Esa experiencia cotidiana, difícil de describir, tiene nombre en neurociencia: mente en blanco. Y ahora, un nuevo estudio sugiere que no se trata solo de una distracción extrema, sino de breves pausas reales de la conciencia.

La investigación fue dirigida por Thomas Andrillon, del Institut du Cerveau – Paris Brain Institute, y analizó qué ocurre en el cerebro cuando una persona experimenta estos lapsos sin contenido mental.

El estudio monitoreó la actividad cerebral de 62 adultos mientras realizaban una tarea de atención sencilla. En intervalos aleatorios —cada 40 a 70 segundos— se les pedía que informaran qué estaba ocurriendo en su mente justo antes de responder: concentración, divagación mental, mente en blanco o dificultad para recordar.

Los resultados, publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences, mostraron que la mente en blanco apareció aproximadamente el 16% del tiempo, casi la mitad de la frecuencia con la que se registra la divagación mental. Es decir: sucede mucho más de lo que se creía.

Aunque suelen confundirse, la divagación mental y la mente en blanco activan patrones cerebrales opuestos. Cuando la mente divaga, las personas responden más rápido, pero cometen más errores impulsivos. En cambio, durante la mente en blanco, las respuestas se vuelven más lentas y aumentan las omisiones, como si el sistema estuviera temporalmente desconectado.

Los investigadores observaron que, en esos momentos, los participantes pasaban por alto señales que normalmente detectarían, aun cuando sus ojos seguían recibiendo la información visual.

Los registros cerebrales mostraron una disociación entre regiones frontales y posteriores del cerebro. Mientras la zona frontal presentaba actividad rápida aumentada, las áreas posteriores —especialmente las relacionadas con el procesamiento visual— mostraban una actividad reducida.

Además, se detectaron cambios en la conectividad cerebral: algunas mediciones indicaban mayor sincronización entre regiones, pero otras revelaban una disminución en el intercambio de información, sobre todo entre áreas frontales y parietales, consideradas centrales para la experiencia consciente. Este patrón se asemeja al observado durante el sueño profundo o la anestesia, aunque ocurre en lapsos breves durante la vigilia.

Uno de los hallazgos más llamativos fue que, durante la mente en blanco, la información visual no alcanza las etapas cerebrales asociadas a la percepción consciente. Aunque las respuestas tempranas del cerebro ante los estímulos se mantenían, las fases posteriores simplemente no aparecían.

Incluso los algoritmos de aprendizaje automático entrenados para identificar qué estímulos habían visto los participantes fallaron por completo durante estos episodios. La señal llegaba a los ojos, pero no se transformaba en experiencia consciente.

Estos resultados desafían una idea básica: que estar despiertos implica una experiencia consciente constante. Según los investigadores, la mente en blanco podría representar una laguna real en el flujo de la conciencia, un pequeño silencio en el que el cerebro no genera ni accede a contenido mental.

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El equipo reconoce limitaciones —como la dependencia de autoinformes y la dificultad para detectar exactamente cuándo comienzan y terminan estos episodios—, pero la convergencia entre datos conductuales, subjetivos y neuronales refuerza la hipótesis de que la mente en blanco no es una forma de distracción, sino un estado distinto.

En palabras del propio Andrillon, estos hallazgos abren la puerta a repensar la conciencia no como un proceso continuo, sino como una sucesión de momentos, interrumpidos ocasionalmente por pausas invisibles, incluso cuando creemos estar plenamente despiertos.

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