Fecha de publicación: 3 de Enero de 2026 a las 08:27:00 hs
Medio: TN
Categoría: GENERAL
Descripción: En medio de una crisis personal y económica, Carolina encontró en un oficio artesanal una salida inesperada que hoy le permite sostenerse, enseñar y acompañar a otras mujeres en el camino del emprendedurismo.
Contenido: De aquellos inicios improvisados -un mantel de plástico, una esquina ventosa y cinco paquetes vendidos contra todo pronóstico- a hoy, la vida de Carolina dio un giro total. Lo que comenzó con la confección de sahumerios como una salida laboral en un momento de crisis, se transformó en un oficio, luego en una vocación y finalmente en un proyecto que hoy impulsa a otras mujeres a animarse a emprender. “Fue un proceso de vida, esto me dio de comer”, le dijo a TN.
Caro es mamá de Santi, un adolescente de 15 años. Cuando él era muy chico le diagnosticaron trastorno del espectro autista (TEA) y el pronóstico que le daban los médicos era muy malo. Esa situación la llevó a revisar rutinas, hábitos y también la alimentación familiar. Decidió apostar por una dieta lo más saludable posible, con la idea de observar si los cambios podían tener algún impacto en su bienestar. Ese camino la llevó, casi naturalmente, a cuestionar también los productos de uso cotidiano.
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Así fue como empezó a elaborar cremas, shampoos y cosmética natural para uso propio. “Era todo muy básico, no había cursos ni lugares donde formarse”, recordó. En paralelo, se había quedado sin trabajo, cursaba el profesorado de biología, por lo que, junto con la crianza de su hijo, se hacía imposible sostener un empleo de ocho horas. Esa limitación terminó siendo el motor del emprendimiento.
“Empecé a evaluar lo que sabía hacer y con qué contaba. La cosmética siempre fue cara, pero optimizando los materiales se me ocurrió hacer sahumerios artesanales. Ese fue mi producto estrella desde el día uno”, explicó. Con ayuda de otros fue armando el proceso: el aserrín regalado por un maderero, un aglutinante que ya tenía y apenas la compra de las esencias. Sin colorantes ni grandes pretensiones, pero con constancia.
El primer día de venta quedó grabado. “Me aceptaron en una feria en la esquina de una terminal de colectivos, con mucho viento y frío. No pasó nadie. Mis compañeras no vendieron nada y yo vendí cinco paquetes. Ahí dije: ‘es por acá’”.
Desde entonces, las ferias en su Mar del Plata natal se multiplicaron. “Iba lunes, miércoles y viernes a una, sábados a otra, domingos a otra y a la noche cursaba”, recordó. Al principio no fue consciente del crecimiento: “No fue una estrategia, fue una necesidad. Me llevó meses lograr un producto digno, porque era muy amateur”.
Así fue sumando más productos: conitos, esfera y ramilletes. Empezó a darles su impronta, a reversionarlos y combinar todo tipo de materiales. De un momento a otro, de emprendedora audaz, pasó a casi experta y sus ventas crecieron muchísimo, tanto que le permitió vivir de eso.
Con el tiempo, empezó a notar que otros vendían y también enseñaban. Con más formación encima y casi recibida, decidió dar el salto. “Un día vi a una chica dando cursos de cosmética natural y pensé: ‘yo sé todo lo que está diciendo’. Ahí entendí que hacía diez años que estudiaba esto y que podía enseñar”.
Así nació la academia “Caro Academia Natural” (@caroacademianatural). El primer curso fue, naturalmente, el de sahumerios. “Lo elegí porque fue el que me dio de comer”, dijo entre risas. El éxito fue inmediato y luego se sumaron cursos de cosmética natural y aromas, mientras ella se recibía y comenzaba a dar clases de biología en secundaria y nivel superior. “Así empecé a vivir de esto”, sumó.
Hoy reconoce que la competencia es mayor y que el mercado cambia todo el tiempo, sobre todo por el impacto de las redes sociales. “Tiene sus pros y sus contras, hay meses buenos y otros no. Pero me apasiona enseñar. Es muy lindo poder hacer cosas con tus propias manos y tratar problemas concretos, desde una alergia hasta una psoriasis”.
El proyecto, por el que pasaron más de 600 alumnos, también tiene un fuerte enfoque ambiental y de género. “Mi público está dirigido a mujeres. Más allá del autocuidado, hay una salida laboral posible. Hacerlo para vos, pero también venderlo. Es un ingreso real para una familia, como me pasó a mí”.
Actualmente, los cursos más elegidos siguen siendo los de sahumerios, aunque la jabonería artesanal también ganó terreno. “Se puede vivir de esto. Yo me pagué una carrera con sahumerios: alquiler, abastecí mi casa, mantuve a mi hijo. Hoy tengo alumnas que también viven de eso”.
De cara al futuro, Caro imagina un crecimiento con un enfoque más científico: “Me veo siguiendo esto, creciendo. La idea es sumar una formación que se llama neurociencia y que vincula cómo los aromas intervienen en el sistema nervioso para darle herramientas de control mental, para relajarte”.
“No puedo creer lo que me pasó, una cosa me llevó a la otra. No fue una meta llegar a tanta gente. Cuando pasó, tuve que aprender a comunicar, a entender el marketing, porque creció muy rápido”, reconoció.
Para quienes quieran iniciarse, deja un consejo claro: “Todo lo que implica aroma, si es un producto presencial y la persona está en frente, se vende, porque los aromas y la neurociencia van de la mano siempre. Si el aroma te transporta a un lugar lo vendes, a diferencia de otros productos que le tenés que dar los beneficios, cuando hay un aroma presente el beneficio llega solo. Si hay poca competencia y tenés un producto que visualmente se ve, pero, además, el aroma es intenso, es rico, las ventas llegan solas”.
Para Caro, en la fabricación de sahumerios lo primordial es la paciencia. “Tiene varias etapas de secado que hay que respetar”, resaltó. Para ello, dejó los 7 pasos clave:
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