Fecha de publicación: 12 de Mayo de 2026 a las 23:37:00 hs
Medio: INFOBAE
Categoría: ESPECTACULOS
Descripción:
Contenido: La propuesta de crear una serie sobre la vida de Barby Franco surgió en redes sociales y desencadenó un emocionante intercambio. La evocación de su infancia en Barracas no solo trajo recuerdos de vulnerabilidad y superación, sino que también resaltó el valor de los vínculos afectivos en la niñez de la modelo.
Cuando una seguidora le sugirió por Instagram convertir su historia en una serie, Barby Franco respondió entusiasmada: “Uuuf re estaría eh”. El intercambio cobró especial relevancia cuando su maestra de la primaria, María Ester, se sumó con mensajes privados cargados de nostalgia. El reencuentro virtual reveló cuánto marcó la docente la vida de la modelo y reavivó recuerdos de tiempos difíciles, pero plenos de afecto y resiliencia.
La interacción comenzó con una publicación de Franco en Instagram, a la que María Ester reaccionó proponiéndose para la versión audiovisual: “Yo soy tu maestra en la serie, la que recibía a tu mamá cada vez que hacías una macana inocente por tu espontaneidad de niña”. La respuesta de la modelo fue inmediata: “¡Me muero! Mi gran maestra de la primaria, María Ester. La maestra que todos amábamos, la que bajaba a tierra con ternura y dulzura”.
El diálogo se tiñó de picardía al recordar, con humor, las travesuras de la infancia: “Eran bastantes seguidas las macanas jaajajaj”, admitió Barby Franco. La docente replicó recordando sus tiempos compartidos en la escuela: “Seguís siendo la niña alegre como lo eras en la escuela 18 de La Boca. Te admiro y felicito por tu preciosa hija”. La modelo cerró el intercambio con afecto: “Sos la 1 María Ester”.
La historia de Barby Franco está atravesada por una niñez en Barracas y la villa 21-24, marcada por carencias y adversidad. “Me imagino en mi barrio con toda mi familia: mi mamá, mi papá cuando estaba bien –antes de la adicción al alcohol–, pero en esa etapa fui recontra feliz viviendo en una casilla, y te estoy hablando de una casilla de madera y chapa, con agujeros por alguna bala perdida”, contó.
La solidaridad fue clave en aquella época. “Entre todos los vecinos hacíamos la famosa olla popular, cada uno aportando lo suyo. Estoy agradecida de esa etapa y cada vez que me siento mal o estoy como rara, me voy a ese lugar y siento como esa contención, ese calorcito que sentía en ese momento”, relató la modelo.
Sin embargo, la pobreza y la violencia familiar marcaron su infancia. “A los nueve años tuve que salir a trabajar sí o sí: no tuve infancia. Nunca tuve una muñeca en mi vida. Recién a los doce años tuve una muñeca”, recordó en diálogo con Infobae. Y agregó: “Salí a repartir volantes, a pegar cositas en una juguetería, a polarizar autos... Tenía que ir al frente porque si no, no comíamos. Mi mamá hacía lo que podía y mi papá, en ese momento, empezaba con unas cositas de adicciones al alcohol”.
El hogar no era un refugio fácil. Según reveló, la violencia de su padre motivó innumerables denuncias: “Pasé cosas muy fuertes. En su momento le hicimos 85 perimetrales a mi papá y se nos reían en la cara. Solo nos tomaron la denuncia cuando vieron a mi mamá con fuertes lesiones”. Ese entorno la llevó a tomar decisiones drásticas: “Yo quiero otra vida para mí. Tenemos que salir de acá sí o sí. Yo con catorce años, quince. Y una vez la agarré y le dije: ‘Vamos, ponele huevos’, y fuimos a la comisaría –la 32 de Barracas, en Avenida Caseros–, hicimos la denuncia... Para mí era como estar en medio de la selva. Era sobrevivir”, relató en entrevistas.
La figura de su madre fue esencial. “Yo lo veo hoy y le digo: ‘Hiciste un montón de cosas y tuviste un montón de detalles con amor para que yo tuviese lo mejor y que física y mentalmente estuviera alimentada’. Cuando nació Saritah dije: ‘¡Wow! Lo que hiciste es una cosa de otro planeta’”.
Hoy, Barby Franco aprecia el contraste con el presente. “Con mi hija, vivo la infancia que no tuve. Su habitación es prácticamente para mí. Le puse el castillito que no tuve, las muñecas que no tuve, los juguetes que no tuve, el monopatín que no tuve. A veces siento que vuelvo a ser una niña. Mi hija no tiene edad para jugar con un monopatín y lo uso yo”, explicó.
Las adversidades de la infancia y el pasado de violencia dejaron huellas, pero en la vida adulta, Barby Franco afirma haber encontrado la paz. La llegada de Sarah y su vínculo con Fernando Burlando representan, según la modelo, una nueva oportunidad. “Por suerte ya sané todo y pude perdonar”, dijo a Infobae.
Cada experiencia negativa se ha transformado, en sus palabras, en fortaleza para su vida y su familia. Franco insiste en que, hoy, quienes la rodean reciben los gestos de amor y dedicación que en su infancia le fueron escasos. Ahora, su historia trasciende la adversidad y ofrece un ejemplo de perseverancia y afecto para su hija y para quienes la siguen.
La trayectoria de Barby Franco demuestra que es posible reinventarse y construir un presente diferente, aun cuando el pasado implique desafíos difíciles de superar.
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