Menú Responsive Foundation

Fecha de publicación: 6 de Mayo de 2026 a las 17:41:00 hs

COMPARTIR NOTICIA

WhatsApp Facebook

Medio: INFOBAE

Categoría: ESPECTACULOS

Risas, cortes y mucha complicidad: así fue la visita de Julián Weich y su hijo a la peluquería

Portada

Descripción:

Contenido: Julián Weich es uno de los conductores más conocidos y queridos del entretenimiento argentino, pero cuando apaga las cámaras, su costado más auténtico y paternal sale a la luz. Pese a su larga carrera mediática y a estar siempre en el centro de la escena, su hijo Jerónimo eligió un camino totalmente diferente, volcado a la vida natural y lejos de los flashes. Sin embargo, la distancia de estilos no impide que ambos compartan una relación de profunda complicidad, algo que Julián no duda en mostrar cada vez que puede. Y, en las últimas horas, Weich volvió a compartir un divertido momento con su hijo yendo a la peluquería a través de sus historias de Instagram.

La secuencia muestra a Jerónimo, con el pelo largo y desordenado, sentado en la silla de un estilista mientras su padre documenta el antes y después del corte. “El hippie se va a cortar el pelo. Yo también”, comenta Julián con una sonrisa, mientras enfoca a su hijo frente al espejo. Dándole ánimo al peluquero, suma entre risas: “Edu, suerte. Mirá lo que es eso. ¡Un brócoli!”. La complicidad entre ambos es tan natural como el vínculo que los une desde siempre.

Unos minutos más tarde, el resultado del corte aparece en la pantalla: Jerónimo, ahora con el pelo más corto y los laterales rapados, recibe el comentario pícaro de su papá. “Mirá qué lindo. Pará, no sé si te cortaron el pelo o te esquilaron”, bromea Julián, dejando en claro que el buen humor y la ternura son moneda corriente cada vez que están juntos.

Pero más allá de las bromas y los posteos familiares, el vínculo entre Julián y Jerónimo está atravesado por experiencias intensas y poco convencionales. No es la primera vez que el conductor expone su admiración por el camino elegido por su hijo, quien desde hace años vive en Córdoba entregado a la bioconstrucción y a la vida sencilla. En una visita al ciclo La Noche Perfecta (El Trece), Julián relató en primera persona el inolvidable viaje que compartieron en Panamá, cuando decidió reencontrarse con Jerónimo y, juntos, pasaron diez días viviendo en la calle.

El conductor recordó ese viaje como una experiencia transformadora: “Vive en Córdoba, terminó de yirar y ahora está ahí hace un par de años y se dedica a la bioconstrucción, hace casas de barro”, explicó ante Sebastián Wainraich. Reviviendo los días compartidos, contó: “Fueron diez días viviendo en la calle, él haciendo malabares y yo pasando la gorra y me divertí, juntamos unos mangos, eran dólares”. Aunque lo narra en tono risueño, Julián no deja de remarcar la dureza de esa vida: “Allá se gastaba en dólares, pero cuando vivís en la calle y pedís plata, cada dólar vale mucho”.

Uno de los momentos más insólitos de esa aventura tuvo lugar en una playa desierta, donde la falta de recursos los llevó a dormir en una carpa minúscula. “Dormimos una vez en una playa desierta porque lo veíamos como un lugar divino, pero al final era como estar en invierno en Punta Mogotes, no había nada, ni para comer. Juro por mi vida que en un momento llegaron flotando un coco y una cerveza. La cerveza se la tomó él, porque yo no tomo alcohol, y nos fuimos a dormir felices”, relató el conductor, mezclando humor y sinceridad.

Durante esos días, Julián fue testigo del esfuerzo de Jerónimo, quien aprendió a hacer malabares con fuego, machetes y cualquier elemento que pudiera servirle para juntar dinero. “Él no sabía hacerlo, empezó a hacerlo por necesidad cuando entendió que era una manera fácil de ganar plata, aunque es un laburo, porque te agota, porque no te dan un mango, porque te pueden bardear, te puede pasar cualquier cosa”, explicó. La experiencia incluyó noches en hostels y hasta el disgusto de descubrir que una rata les había comido la mochila. “Me fui a quejar como si nos hubieran robado un reloj de oro. Porque cuando vos vivís en la calle, cada dólar vale mucho. El hostel creo que salía 5 dólares, pero para mí era un tema moral, no eran los 5 dólares”, reflexionó.

Más allá de las anécdotas, Julián destaca el aprendizaje que dejó esa vivencia: “Te das cuenta que la pasás bien y sos feliz y no necesitás tanta parafernalia, pero esto es solo cuando uno lo elige, no hablo de la gente que no tiene otra opción”. La conclusión es clara: la felicidad se puede encontrar con mucho menos y, aunque lo suyo fue apenas una experiencia de diez días, su hijo Jerónimo eligió esa vida durante años, haciendo de los malabares su modo de supervivencia, su “cajero”.

En tiempos donde la exposición y el éxito parecen ser la regla, Julián Weich muestra que el verdadero orgullo pasa por la autenticidad y la libertad de elegir. Su vínculo con Jerónimo es un ejemplo de respeto, amor y aprendizaje mutuo, donde la vida natural y la complicidad familiar se imponen a cualquier prejuicio o expectativa social. Desde la silla de la peluquería hasta las playas de Panamá, padre e hijo demuestran que lo importante, siempre, es estar juntos y compartir la aventura de la vida.

Imágenes adicionales
Imagen relacionada 1 Imagen relacionada 2

Leer más

Visitas: 0