Fecha de publicación: 17 de Abril de 2026 a las 12:00:00 hs
Medio: INFOBAE
Categoría: ESPECTACULOS
Descripción: En su visita a Otro día perdido, el actor de Los Simuladores reveló la estrategia que utilizó para evitar pasar la noche en la cárcel
Contenido: Las consecuencias de una juventud inquieta marcaron la memoria de Federico D’Elía, quien confesó en el programa Otro día perdido que la comisaría fue parte de su rutina en varias ocasiones durante su adolescencia. El actor compartió detalles sobre esos episodios con el conductor Mario Pergolini, quien no disimuló su sorpresa ante las anécdotas.
En palabras de D’Elía, su madre siempre supo de sus detenciones, aunque él intentara evitarle el disgusto. “Mi mamá nunca me fue a buscar. Yo trataba de que no se enterara e iba otra persona a buscarme. Esto pasó tres o cuatro veces, igual ella se enteraba”, recordó el actor, describiendo un ciclo repetido de entradas y salidas de la dependencia policial.
El propio D’Elía explicó los motivos detrás de esas detenciones sucesivas: “Yo fui en cana post dictadura y era la cana mala: por cualquier cosa te agarraban de los pelos y te llevaban a la comisaría", rememoró y citó algunos de los casos: “Nuestras cositas eran jugar al fútbol a las cuatro de la mañana en cualquier lado, en La Plata contra un portón o en la plaza jugando con las hamacas”, afirmó.
En una de esas noches, la situación se tornó más tensa. “Una vez me metieron en cana. Estaba con mi hermano Marcelo y un amigo en la calle y de golpe vemos que hay gritos y empezamos a correr. Así como corrimos nos separamos y bajaba la cana. Iban a donde estaba Marcelo y yo salí a decir que era mi hermano y nos llevaron a la comisaría”, relató D’Elía sobre el episodio que terminó con ambos en custodia.
Según el actor, dentro de la comisaría los hicieron realizar ejercicios físicos, un método que, lejos de intimidarlo, le permitió idear una salida inesperada. “Ahí dije: ‘me voy a hacer el desmayado’. Me tiré al piso, los policías se asustaron y nos dijeron que nos vayamos”, relató, provocando la risa de los presentes en el estudio en una escena que podría haber formado parte de Los simuladores.
La actitud de D’Elía generó reacciones diversas, con Mario Pergolini mostrándose por momentos incrédulo ante la naturalidad con la que el actor relataba los hechos. La conversación derivó en una reflexión sobre la relación de los jóvenes con la autoridad y el modo en que las familias, como en el caso de la madre de D’Elía, afrontaban las travesuras de sus hijos en un contexto policial riguroso.
La narración de su paso por la comisaría revela una época donde la policía ejercía un control estricto sobre la juventud. Las detenciones no parecían estar vinculadas a delitos graves, sino a actividades lúdicas realizadas en horarios poco habituales.
“Yo trataba de que no se enterara”, insistió D’Elía sobre su madre, quien nunca acudió personalmente a la comisaría. Esa distancia maternal no evitó que estuviera al tanto de las aventuras de su hijo, aunque la resolución de los problemas quedara en manos de otros adultos cercanos.
La conversación entre Federico D’Elía y Mario Pergolini sirvió para poner sobre la mesa la permanencia de recuerdos que, aunque revestidos de humor, dejan traslucir la dureza de un contexto social determinado. El propio actor reconoció que esas experiencias, más allá del riesgo, terminaron formando parte de su identidad y de una historia compartida por muchos jóvenes de su generación.
El espacio televisivo permitió que el público conociera facetas poco conocidas de un actor reconocido, mientras que los relatos sobre la comisaría y las estrategias para evitar consecuencias mayores resonaron en la audiencia como testimonios de una época signada por el control y la vigilancia.
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