Fecha de publicación: 10 de Abril de 2026 a las 13:42:00 hs
Medio: INFOBAE
Categoría: ESPECTACULOS
Descripción: En diálogo con Mario Pergolini, el actor recordó cuando recibió el diagnóstico y reveló a qué se aferró para salir adelante. La pasión por el arte y la mirada en sus hijos como columna vertebral de su resiliencia
Contenido: El actor Gerardo Romano compartió en una conversación íntima con Mario Pergolini, en Otro día perdido, sobre cómo vive su diagnóstico de Parkinson y el modo en que esta enfermedad impactó su percepción de la vida cotidiana. “Yo entro acá y yo sé si alguno de allá tiene Parkinson, porque uno desarrolla una percepción”, reflexionó Romano, aludiendo a la sensibilidad que otorga la experiencia personal.
El presentador lo interrumpió con una pregunta directa sobre el momento crucial: “¿Qué te pasó cuando te enteraste, cuando te dieron el diagnóstico?”. Romano no dudó en admitir: “Y me asusté”. La respuesta surgió espontánea y sin rodeos, y al indagar Pergolini sobre el motivo del temor, Romano fue aún más claro: “De morirme”.
No obstante, el miedo no lo paralizó. “Me salvó que a la noche tenía función de teatro. Hacía una obra que se llama Un judío común y corriente, que la hice doce años”, recordó Romano. El compromiso con el escenario lo obligó a tomar una decisión inmediata: “O dejo todo porque tengo Parkinson y me voy a morir. O no lo dejo. Y elegí no”.
El relato de Romano revela una estrategia para enfrentar el golpe inicial: mantenerse activo y fiel a su vocación. Esa misma noche, subió solo al escenario durante más de una hora. El compromiso profesional resultó ser un ancla en medio de la incertidumbre que implicaba su nueva realidad.
Frente a la pregunta de Pergolini sobre las múltiples formas en que se manifiesta el Parkinson, Romano respondió: “Hay cosas muy cruentas, de convulsión, de temor... temblores. Y cosas suaves como las que ves”. La diversidad de síntomas, reconoció, permite percibir la enfermedad en otros y en sí mismo, pero también implica una convivencia diaria con la incertidumbre.
La vida de Romano está marcada por rutinas que contribuyen a su bienestar físico y mental. “Hago natación tres veces por semana, nado un kilómetro cada vez”, contó. Además, utiliza la bicicleta como medio de transporte y mantiene activa su memoria repasando textos teatrales, aunque ya no interprete la obra que lo acompañó durante años: “El músculo de la memoria, como cualquier músculo, se trabaja y hacés el esfuerzo mnemotécnico de acordarte de algo. La peleo y va”.
El actor confesó que lucha por su salud y por sus seres queridos. “Tengo hijos por los cuales debo pelearla”, afirmó. Romano puntualizó que tiene un hijo de 40 años y una hija de 21, y que su motivación por seguir adelante incluye la responsabilidad y el deseo de acompañarlos.
La charla derivó hacia la dinámica familiar y los cambios en los roles a lo largo de la vida. Pergolini expresó su visión: “Yo creo que en un momento uno deja de ser padre, uno deja de ser hijo, ¿no? Van cambiando los roles”. Romano, en cambio, planteó la pregunta que desarma certezas: “¿Tenés padre vos?”.
Pergolini compartió que solo tiene madre y que en ocasiones siente que los papeles se invierten, volviéndose más protector que hijo. “Y no te molesta mucho el rol de serlo, porque decís, bueno, ha pasado...”.
Romano no dejó pasar la oportunidad de matizar: “No sé si respecto de tus propios hijos te querés seguir acompañándolos”. La conversación se fue tejiendo entre recuerdos y reflexiones, hasta que Pergolini reconoció: “Entiendo que como hijo sí puedo entenderlo con un padre, pero no sé si como padre querés entenderlo con un hijo”. Romano le concedió el punto: “Lo has sintetizado muy bien”.
En un intercambio fluido y a corazón abierto entres sus puntos de vista, el encuentro entre Gerardo Romano y Mario Pergolini fue una radiografía de la vulnerabilidad y la resiliencia. El actor mostró que la vida, aún bajo el signo de una enfermedad, puede seguir siendo una “fiesta” a la que no está dispuesto a renunciar.
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