Fecha de publicación: 10 de Abril de 2026 a las 13:42:00 hs
Medio: INFOBAE
Categoría: ESPECTACULOS
Descripción: Entre anécdotas, recuerdos y confesiones, los herederos de los recordados capocómicos expusieron los desafíos de crecer bajo la sombra mediática
Contenido: El encuentro entre Moria Casán y los hijos de Jorge Porcel y Alberto Olmedo ofreció una mirada inédita sobre el legado, el peso del apellido y las huellas que deja la fama familiar. En un diálogo con momentos de sinceridad despojada, los protagonistas reflexionaron acerca de la herencia mediática y los desafíos de construir una identidad propia bajo la sombra de dos figuras centrales del humor argentino quienes compartieron múltiples trabajos con la diva en una época de oro del espectáculo nacional.
La conversación abrió con una pregunta directa de Casán sobre la percepción pública: “De ustedes se dice que viven de la renta del apellido, ¿qué le responden a esa mediocridad reinante que los señala porque no son ni el Negro ni el Gordo? ¿Es así? ¿Viven de la renta de sus padres?”. Albertito Olmedo respondió sin rodeos sobre su propia trayectoria: “En mi caso, yo laburé siempre desde chiquito, siempre el apellido lo traté de llevar al margen, usarlo cuando corresponde y no para el boludeo”.
La distancia con la exposición mediática fue otro de los temas recurrentes. Olmedo aclaró que busca mantener una vida lo más normal posible: “Yo lo que quiero es seguir moviéndome en la calle, en subte, en colectivo”. Señaló que el uso de redes sociales como Instagram lo expone más de lo que desearía y que, ante el reconocimiento público masivo, prefiere alejarse. La necesidad de separar la vida personal del peso del apellido se refleja en la decisión de no aprovechar el legado como plataforma automática de popularidad, a diferencia de otros casos mediáticos a los que hizo alusión Moria Casán.
La carga simbólica del apellido Olmedo no fue solo una cuestión profesional, sino también personal. “Yo a mi padre no lo conocí, pero lo conocí a través de él (señalando a Porcel), tuyo (por Moria), de mi madre, de los amigos”, agregó Albertito, quien nació meses después de la muerte de su padre. Así, la construcción de su identidad se dio en ausencia, a partir de relatos y recuerdos ajenos, además del archivo de la obra de su padre.
La historia familiar de Jorge Porcel hijo reveló un entramado de distancias afectivas y afectos sustitutos. Recordó la dinámica en su hogar con una anécdota de la infancia: “Teníamos un departamento en Callao y Bartolomé Mitre, y hay una foto mía de chico con una pileta inflable”. Sin embargo, la presencia de su padre era intermitente: “Mi viejo era muy difícil de frenar, y solo dos personas lo lograban, Pepe Parada y mi tío Tito, que era el secretario. Es más, creo que era más querido mi tío, porque de cada diez saludos que me mandaban, ocho eran para mi tío y dos para mi viejo”.
La ausencia paterna tuvo consecuencias directas en la relación madre-hijo y la percepción de la figura del padre. Porcel hijo reconoció que evitaba juzgar a su padre, pero admitió el sufrimiento de su madre y cómo él, como hijo, se volcaba del lado materno: “A mi viejo no lo veía, porque él tenía una vida muy desordenada, él estaba con todas y con ninguna. No voy a juzgar eso, lo sufrí mucho como hijo porque mi mamá lo vivió muy mal. Y lógicamente me ponía del lado de ella”.
El relato no eludió los momentos más duros, como cuando los medios encontraron a su madre pidiendo dinero en la calle, episodio que atribuyó a decisiones económicas desafortunadas que los llevaron a perder un departamento.
La exposición mediática no solo afectó la imagen pública, sino que tuvo repercusiones directas en la vida cotidiana y la salud mental. Porcel hijo relató el estigma sufrido por su aspecto físico y las etiquetas que le impusieron: “Si no hubiera perdonado a mi papá, al medio que fue muy cruel hace 10 años... que te tilden de gordo vago. Yo soy discapacitado porque tengo una depresión profunda y una hiperobesidad delicada. A mí el médico en el examen me puso que soy depresivo profundo desde los 18 años y eso nadie lo puede negar”, expresó Jorgito, quien en reiteradas oportunidades aseguró que se mantenía con una pensión de discapacitado y la jubilación de su madre.
El trato de la prensa y la falta de oportunidades fueron una constante. Porcel hijo lamentó que, en vez de ayudarlo, los medios eligieran la crítica: “Me hubiera gustado que el medio me dé una oportunidad, que en vez de decir que ‘este gordo es un vago’, me hubieran dado una mano, yo hubiera ayudado a mi mamá, pero se nos tiraron encima y a los dos años mi mamá murió de cáncer”.
La exposición pública se volvió compleja en esos años, lo que derivó en un aislamiento progresivo y un agravamiento de su depresión. Relató cómo, al ir a la televisión, sentía la presión del prejuicio y la falta de experiencia para afrontar el medio. “Yo siempre en el medio era como el hijo no reconocido, pero a medida que se fue muriendo la gente que lo rodeaba me fueron dando menos con un caño”.
El proceso de sanación y reconstrucción de la identidad fue central en el testimonio de Jorgito. “Lo que aprendí es que perdonar hace que vos te des la oportunidad de vivir la vida”, explicó. El perdón, tanto hacia su padre como hacia los medios y a sí mismo, se presentó como un paso necesario para dejar atrás el dolor y encauzar su vida. Subrayó que, cuando encontró su vocación en las artes visuales, halló también su lugar en el mundo: “Cuando encontrás tu vocación, encontrás tu lugar en el mundo, ese es mi lugar, mi gente”.
La red de contención se expandió hacia figuras cercanas al entorno familiar, como Carmen Barbieri y Lusita Albinoni, exparejas del cómico que, según Porcel hijo, “se lo tuvieron que bancar”. Reconoció las dificultades de su padre y sus parejas, marcadas por los conflictos y las infidelidades: “Todas tuvieron grandes cuernos. Mi papá fue muy voraz, no podés estar con seis minas a la vez”.
Visitas: 0