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Fecha de publicación: 4 de Abril de 2026 a las 13:01:00 hs

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Medio: INFOBAE

Categoría: ESPECTACULOS

Alexiev Gandman, el argentino detrás del inolvidable arte gigante de Art Attack: “Decidí tirarme a la pileta”

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Descripción: El artista habló en exclusiva con Teleshow sobre su experiencia al frente de la sección más impactante del clásico de manualidades, su labor en Disney y cómo marcó a miles de chicos

Contenido: El recuerdo de Art Attack despierta nostalgia y admiración en varias generaciones que crecieron frente a la pantalla, inspiradas por un programa que convirtió la creatividad y las manualidades en un verdadero fenómeno global. Aunque el ciclo debutó en 1990 y tuvo muchas versiones, en Latinoamérica marcó especialmente por la impronta local y la llegada de figuras icónicas. Si Rui Torres se ganó el cariño del público como presentador, Alexiev Gandman supo dejar su huella con su talento y despliegue en la sección de “arte gigante”. A más de una década de su paso por el programa, el artista argentino habló en exclusiva con Teleshow para contar cómo fue vivir desde adentro el fenómeno.

Durante seis años, Gandman fue el responsable de deslumbrar a la audiencia con creaciones a escala monumental, utilizando objetos cotidianos y paisajes como lienzos. Desde 2009 hasta 2016, su trabajo frente y detrás de cámara lo llevó a convertirse en referente de la creatividad televisiva, aportando una mirada fresca y desafiante a un formato que parecía haberlo mostrado todo. En cada episodio, el desafío de pensar y plasmar obras sobre el suelo requería ingenio, planificación y la capacidad de sorprender incluso a quienes ya conocían el universo de Art Attack.

El impacto de Art Attack fue mucho más allá de la pantalla chica: se convirtió en una marca registrada de la infancia y en un semillero de vocaciones artísticas para miles de chicos y chicas en todo el continente. Y a una década de sus últimos momentos en el ciclo, Alexiev revive los secretos de producción, el detrás de escena y las anécdotas que hicieron posible llevar a la pantalla ideas tan ambiciosas como inspiradoras, y reflexiona sobre el legado de un programa que, aún hoy, sigue marcando tendencia en las redes y en el corazón de quienes crecieron soñando con ser parte de ese mundo de colores, texturas y creatividad sin límites.

—¿Cómo nació tu pasión por el arte? ¿Fue algo que adquiriste de chico o surgió a partir de alguna experiencia o familiar en particular?

—Desde chiquito dibujo. Antes de los cuatro o cinco años dibujamos todos, pero en la primaria me la pasaba dibujando: todos los cuadernos llenos de dibujos. Mi mamá, al ver esto, me mandó ya en segundo grado a un taller barrial de dibujo y pintura, y siempre me dediqué a eso. En la secundaria, todos los márgenes de las carpetas estaban llenos de dibujos. Mis compañeros me pedían que les hiciera caricaturas de los profesores, y empecé a trabajar en la revista del centro de estudiantes haciendo ilustraciones. Así que no fue algo que decidí de un día para el otro, sino que me salió naturalmente.

—¿En qué momento decidiste dedicarte profesionalmente al arte o a estudiarlo de manera formal?

—En la secundaria tenía la idea, pero hice Industrial y, cuando había que elegir especialización, podría haber seguido en el colegio Fernando Fader, pero pensé que como artista me iba a morir de hambre. Es un pensamiento impuesto, no es que mis viejos lo pensaban. Así que seguí Electrónica. Pero después, cuando terminé la secundaria, decidí estudiar algo que tuviera que ver con el arte y me recibí de diseñador gráfico.

—¿Cómo surgió la propuesta de integrar Art Attack? Además de este proyecto, también sos profesor, ilustrador y tenés más de 170 libros publicados.

—Sí, tengo más de 170 libros publicados, sobre todo de arte ilustrado. Cuando me llamaron para Art Attack era docente y ya tenía muchos libros editados. Trabajé mucho en publicidad como director de arte e ilustrador, así que supongo que ese mix hizo que pensaran en mí para el programa. Originalmente me convocaron como director de arte, para estar detrás de cámara, generando imágenes, buscando materiales y armando la pre y postproducción.

—¿Cómo fue que te pasaron al frente de cámara para hacer las obras de arte gigante?

—El programa original era inglés y Disney compró el formato. Cuando me convocaron para ser director de arte, empezamos a armar las artes gigantes, mientras hacían casting para quien iba a estar frente a cámara. Un día me llaman y me dicen que veían en las pruebas que se me daba bien dibujar y que sería más natural que lo hiciera yo. Nunca había hecho teatro ni tenía fantasía de estar frente a cámara, yo me imaginaba en mi taller, no mostrando lo que hacía. Pero me encantan los desafíos y, aunque me ponía nervioso, acepté. Me pusieron un coach para la parte actoral y decidí tirarme a la pileta. Creo que funcionó.

—¿Cómo era el proceso creativo? ¿Tenías que practicar varias veces, planificar los dibujos, elegir las locaciones?

—Sí, todos los estudios eran los de Non Stop en Munro, bastante grandes. Los exteriores se grababan en lugares a no más de dos horas de viaje, por organización. Había una parte de preproducción: yo hacía todos los dibujos chicos, unos 110 o 120 por temporada, y Disney elegía 27 para cada año. Después pasaba el guion a la gente, aunque mi personaje no hablaba y sí había una parte actoral, y se elegían las locaciones. Una vez definido dónde grabar, pensaba qué materiales eran lógicos para cada lugar. Conseguíamos todo y lo armábamos en estudio para probarlo, hacer fotos, ver si funcionaba o cambiar algo. Después, grabábamos en exteriores. Generalmente sólo grabábamos dos o tres meses en verano por la cantidad de luz solar que necesitábamos.

—¿Cómo combinabas el trabajo en Art Attack con tu labor como profesor y tus otros proyectos?

—Era un año continuo, sin vacaciones. Durante el año daba clases y hacía la preproducción. Los tres meses de grabación eran en verano, cuando no tenía clases. A veces se superponían cosas, como tener que regrabar capítulos por temas técnicos, pero trataba de planificar todo. Siempre tuve varios “kioscos” a la vez y me las arreglaba.

—¿Y el tema de los materiales? ¿Eran prestados o los compraba Disney?

—Todos los materiales se compraban y, después, Disney los donaba a distintas entidades de bien público. Solo lo que era imposible de recuperar, como azúcar o glicerina, no se donaba.

—¿Te reconocía la gente por tus apariciones en Art Attack?

—En ese momento, poco y nada, porque mis alumnos eran del terciario y no veían el programa. Ahora me pasa que muchos de mis alumnos actuales me vieron en la tele cuando eran chicos y me piden sacarse una foto. Les digo: “Cuando aprueben, nos sacamos la foto”. Es muy divertido y me encanta.

—¿Pudiste conocer a otros conductores de Art Attack de otros países?

—No tuve relación con Rui Torres ni con Neil Buchanan, pero sí con los conductores locales de las temporadas que hicimos nosotros. Con Emiliano Pandelo de Argentina seguimos siendo amigos, con Dani de Brasil siempre nos hablamos, y también con el de Italia. Todos vinieron a grabar acá, así que a la mayoría los conocí. La sección de arte gigante era la misma para todos los países, pero cada uno tenía su conductor local.

—¿Cuál fue el segmento de arte gigante que más te costó realizar?

—Dificultades técnicas, pocas. La diferencia entre pintar con colores y pintar con elementos no es tanta. Lo que sí era pesado era usar materiales que, por ejemplo, que cargás mucho te cansás. Los mayores problemas eran técnicos o climáticos: grabábamos en verano, con mucho calor, a veces en lugares inhóspitos. También tenía que evitar broncearme para no tener problemas de continuidad, así que cada dos horas había que reponer protector solar y maquillaje. Eso hacía que las grabaciones fueran más lentas.

—¿Después de tanto trabajo nunca te cansaste de hacer arte gigante?

—No, porque como hacía muchas cosas distintas, cambiar el chip me cambiaba la cabeza. No sentía rutina. Además, me organizaba para tener escapadas y estar con mi familia en lugares verdes durante la temporada de grabación, así que también disfrutaba.

—¿Si te volvieran a proponer volver a Art Attack o un programa propio, te gustaría?

—La experiencia me gustó mucho. Quedé en muy buenos términos con Disney y después les propuse varios proyectos que no prosperaron porque la empresa pasó por cambios y la transición del cable a la plataforma. Pero siempre estoy abierto a desafíos nuevos, todo lo que me saca de la zona de confort me divierte y lo acepto.

—¿Hoy en qué proyectos estás trabajando? ¿Algún libro nuevo, curso o actividad artística?

—Libros, muchísimos. Ahora estoy haciendo dos para Sigmar, uno para Granica sobre los mundiales, con preguntas y respuestas, y otro de busca y encuentra para Artemisa. Estoy armando un libro de “Destruye este libro” con ciencia y escribiendo cuentos de terror para chicos. También hice un juego de cartas que estamos puliendo. Y, además, sigo dando clases en el instituto.

—¿Qué consejo le darías a alguien que te vio en Art Attack y quiere apostar por la creatividad o el arte?

—Lo más importante es divertirse. Cuando uno hace cosas que disfruta, es más fácil que eso se transforme en una carrera y hasta en un negocio. Si te divertís, los que leen o ven lo que hacés también lo van a disfrutar. Si hacés cosas por obligación, termina siendo frustrante y no hay fórmula mágica. Lo esencial es que te guste y te diviertas con lo que hacés.

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