Fecha de publicación: 23 de Marzo de 2026 a las 07:38:00 hs
Medio: TN
Categoría: ESPECTACULOS
Descripción: El film de Luis Puenzo, con guion de Aída Bortnik y actuaciones de Norma Aleandro y Héctor Alterio, se convirtió el 24 de marzo de 1986 en la primera película argentina en obtener una estatuilla.
Contenido: Luis Puenzo conoció a Aída Bortnik a mediados de la década del setenta en casa de los padres de un amigo. Sabía del trabajo de la guionista, había visto su película, sus programas de televisión, alguna de las obras de teatro y leía sus artículos periodísticos en La Opinión. Se acercó a ella y le dijo que debían trabajar juntos. Aída, entre muchos otros trabajos, venía de escribir el guión de La Tregua, película que había sido nominada al Oscar. Él, por su parte, no tenía aún ninguna experiencia en el mundo del cine. Se trató nada más que de una expresión de deseos que repetiría cada vez que se cruzó con ella en los años siguientes. Aída siempre lo rechazó con elegancia.
Leé también: El día que el hijo de Eric Clapton cayó desde un piso 53 y la reacción del músico al enterarse de la tragedia
A principios de 1983, la Dictadura estaba en retirada. Una transición tensa y gris. Gobernaba Bignone quien intentaba asegurar la impunidad para él y los suyos a través de una autoamnistía antes de fijar fecha de elecciones y entregar el poder.
Aída Bortnik había vuelto al país después del exilio y estaba escribiendo un muy buen programa policial para Canal 9. Se llamaba Ruggero y era protagonizado por Rodolfo Ranni. Tocaba algunos temas de actualidad y muchas veces la casta militar quedaba mal parada en la trama. El teléfono de Aída comenzó a sonar en cualquier hora de la noche. La amenazaban. Otra vez.
Ella trabajaba encerrada, casi sin salir a la calle por el temor. Mientras tipeaba en su Olivetti sonó otra vez el teléfono. Atendió con hastío, convencida de que sería otro insulto, otra amenaza. Pero era Luis Puenzo que le proponía tomar un café y hablar de futuros proyectos. Ella aceptó para tratar de alejar los miedos de su cuerpo. Luis Puenzo se había convertido en un muy importante y exitoso director de cortos publicitarios. En esos años le había ido muy bien económicamente pero él se quería probar en el cine (hasta ese momento sólo había filmado una película infantil con Pipo Pescador).
Cuando se reunieron le dijo a Bortnik que quería hacer una película sobre los desaparecidos. Ese era el tema que estaba en boca de todos en ese momento, en la tapa de todas las revistas y en la televisión. Se encontraban cadáveres sin identificación, los organismos de Derechos Humanos multiplicaban las denuncias, los testimonios de detenidos-desaparecidos se escuchaban por primera vez, se empezaba a conocer la verdadera dimensión del horror. Algún medio lo llamó El Show del Horror. Aída le dijo que no quería escribir sobre eso porque no quería caer en lo escatológico, en el sensacionalismo que era uno de los matices que el tema había adquirido después de años de silencio y negación.
Siguieron hablando hasta que Puenzo le contó la historia de un conocido que había adoptado ilegalmente dos chicos y los había anotado como propios. Le dijo que el hombre decía que debían ser de una chica muy pobre del interior del país que no los podía mantener.
Aída Bortnik lo detuvo y le dijo que de eso estaba interesada en escribir, que esa era la historia que debían contar, la de un chico apropiado que era buscado por su abuela. Investigaron, hablaron con Abuelas de Plaza de Mayo, con sobrevivientes y escribieron el guión. El rodaje tuvo lugar en 1983 mientras la campaña presidencial tomaba calor.
Dos íconos de la actuación como Héctor Alterio y Norma Aleandro serían los protagonistas. Una hermosa y excelente Chunchuna Villafañe sería la exiliada que regresa y le abre los ojos a la profesora de historia que encarna Norma; los abuelos de la historia fueron confiados a dos leyendas como Guillermo Battaglia y Chela Ruíz y la hija del matrimonio surgió de un casting: una nena elocuente y con gracia llamada Analía Castro.
El de los chicos apropiados era un tema que todavía no era popular, del que se sabía poco y se malinformaba mucho. Y cuando aparecía algún caso, la sociedad se dividía en dos entre la familia biológica y la adoptiva sin importar si se trataban de apropiadores.
Una vez terminada la película, los productores le dijeron a Puenzo que no la estrenarían en 1984. Sostuvieron que ese año, recién vuelta la democracia, había muchas películas que trataban el pasado reciente y que se había saturado el mercado, que lo más prudente era esperar a 1985. Más precisamente a abril, una vez que ya todas las candidatas al Oscar hubieran pasado por los cines. Al director no le gustó la decisión pero no tuvo más remedio que esperar un año para ver su película en los cines argentinos.
La película, poco después de su estreno el 3 de abril de 1985, comenzó con una muy fructífera gira de festivales. El primero fue el de Cannes. Ovaciones de pie y la unanimidad alrededor de la actuación de Norma Aleandro. Al final recibiría el premio a la mejor actriz ex-aquo con Cher.
Cannes, casi un año antes, ofició de antesala de los Oscars. Coronel Redl de Itzván Szabo obtuvo el Premio del Jurado y la Palma de Oro fue para Papá salió en viaje de negocios de Emir Kusturica. Las tres terminarían siendo los candidatos más serios a la estatuilla de la Academia de Hollywood del año siguiente.
Pero el paso por Cannes no solo provocó el lanzamiento de la película al mundo; tuvo otro efecto que revirtió la suerte local de La Historia Oficial. Estrenada cinco semanas antes, agonizaba en la taquilla. La cantidad de público se había estancado y no había cumplido las expectativas comerciales de los productores. El premio a Norma Aleandro y el eco en otros festivales hizo que fuera regresara a varias salas, que salieran con más copias y que la gente acudiera con curiosidad. En esa primera etapa, aunque lejos de los más de dos millones de espectadores de Camila el año anterior, La Historia Oficial vendió alrededor de 900.000 entradas. Un éxito.
Hubo que esperar a principios de 1986 y a la temporada de premios en Estados Unidos para que la película volviera a interesar a los medios. Primero ganó el Globo de Oro relegando a Ran de Akira Kurosawa. Después llegó la nominación al Oscar a la mejor película extranjera. Era el segundo año consecutivo que una película argentina estaba entre las consideradas. En 1985, Camila, nuestra candidata, había sido derrotada por la suiza Movimientos Peligrosos de Richard Dembo.
La entrega de 1986 tuvo un color muy argentino. No solo por las dos nominaciones de La Historia Oficial (sumó otra a mejor guión original, categoría ganada por Testigo en Peligro). También aspiraba a un premio un documental sobre las Madres de Plaza de Mayo y El Beso de la Mujer Araña, basada en la novela de Manuel Puig, estaba entre las cinco mejores películas y había cosechado múltiples nominaciones.
En Argentina ese Oscar se vivió con ansiedad deportiva. Como si la Selección jugara un partido importante. El orgullo nacional en juego. Aunque todos supieron que en caso de llevarnos el triunfo (se hablaba así, en primera persona del plural) no iba a llenarse el Obelisco con multitudes festejando.
Con el retorno democrático, la Argentina era nuevo foco de atención. Y la temática del film (Dictadura, desaparecidos, un chico robado, una abuela que lucha por recuperar a su nieto) graficaba muchos de los horrores del pasado.
Se estudiaban rivales y se especulaba con las posibilidades. Se sabía que La Historia Oficial tenía más chances que Camila el año anterior. Tres Hombres y un Biberón de Coline Serreau había sido un mega blockbuster en Francia (al poco tiempo tuvo secuela en Hollywood), la de Kusturica venía con la Palma de Oro, Cosecha Amarga de Agnieszka Holland podía ser la tapada y el gran rival era Coronel Redl de Itzván Szabo protagonizada por Klaus Maria Brandauer nominado por África Mía -la gran ganadora de la noche-. La dupla húngara había ganado el Oscar a principio de la década por Mefisto. En los diarios se estudiaban las probabilidades, se hacían apuestas y hasta se desplegaban teorías conspirativas en caso de que todo saliera mal.
Cuando se anunció que una de las personas destinadas a entregar la estatuilla en esa categoría sería Norma Aleandro se desataron dos olas contrapuestas que tuvieron la misma intensidad. Los optimistas sostenían que el triunfo estaba asegurado: ¿Quién podía ser tan sádico de hacerle entregar a la actriz principal de una gran candidata el premio a otro film? Los pesimistas juraban que cómo ya se sabía que otro sería el ganador le daban a la actriz argentina el premio consuelo de estar sobre el escenario y de que el mundo la conociera. Norma Aleandro misma estaba entre los agoreros.
Los supersticiosos decían que la fecha en que había sido fijada la ceremonia, el 24 de marzo, tan sensible a los argentinos auguraba una victoria inédita.
Al promediar la ceremonia, ese 24 de marzo de 1986, con un smoking blanco, Robin Williams introdujo a los presentadores. “La estrella argentina del film dramático nominado, Norma Aleandro”, dijo y por su pronunciación pareció que había dicho Norma Alejandro. El otro era el presidente MPAA, Jack Valenti (Williams lo presentó como Boom Boom Valenti), poderosísimo hombre de la industria. Norma Aleandro llevaba un elegante vestido largo, rojo y negro, con un escote profundo e insinuante. Tenía abultados rulos y se la veía nerviosa. Sin embargo la dicción de su inglés fue perfecta. Después de repasar a las cinco candidatas, Valenti, en gesto galante, entregó el sobre a Norma. Las manos le temblaron, el sobre se rompió por la mitad y la tarjeta con el ganador tardó en aparecer pero ella ya había dicho “The winner is...”. Suspenso. Norma leyó en silencio y Valenti hizo un gesto grandilocuente de felicidad abriendo los brazos. Luego, antes de nombrar al ganador, vino la frase célebre: “God bless you”. Dios los bendiga. Anunció que La Historia Oficial había ganado con la última hilacha de formalidad que conservaba y apenas terminó se echó para atrás y, emocionada, se tapó la boca con la mano, y se lanzó en brazos de Valenti en un abrazo que todavía estremece. Como cuando nuestro equipo hace un gol y nos abrazamos con cualquiera en la tribuna. Luego subió Puenzo, sereno y reconcentrado. Y otra vez Norma Aleandro lo estrujó entre sus brazos. Hasta le arrugó un poco el smoking.
Puenzo contuvo su emoción, ocultó su euforia. O tal vez todavía estaba bajo los efectos del susto: cuando Norma Aleandro dijo God Bless You, el dio por sentado que había perdido, su cerebro estaba formateado para escuchar The Official Story, todo lo que no sonara así significaba derrota. Cuando por fin la actriz dijo el nombre de su película, Puenzo tardó en reaccionar: todavía estaba convencido que se le había escurrido la gran chance de su vida.
Ya en el escenario, elegante y sereno, Puenzo agradeció y se refirió a la fecha tan especial: “No puedo dejar de olvidar que hace diez años, en un día como hoy, se daba el último golpe militar en mi país. No puedo olvidar esa pesadilla. Hoy ha empezado una nueva época, con nuevos sueños.”
El Oscar, previsiblemente, le dio una nueva vida comercial a la película. Ganó mercados extranjeros, se aseguró excelentes ventas en VHS y en Argentina la convirtió en un enorme éxito de taquilla luego del comienzo lento. Llevada a las principales salas de nuevo, un año después de su estreno, consiguió duplicar las entradas vendidas y más de 800.000 personas fueron a verla. En total, en el país, tuvo 1.700.000 espectadores.
El presidente Raúl Alfonsin felicitó a los realizadores y celebró el premio: “Este galardón a La historia oficial será un especial desafío para seguir adelante en nuestro común empeño por lograr la Argentina de paz, justicia y libertad que soñamos para nosotros y nuestros hijos”.
Puenzo-Bortnik siguieron su carrera con Gringo Viejo, basado en un libro de Octavio Paz e inspirada en la historia de Ambrose Bierce; una súper producción internacional que pasó sin pena ni gloria. Norma Aleandro, dos años después, fue nominada al Oscar como actriz secundaria por su papel en Gaby. Héctor Alterio siguió actuando en decenas de películas hasta su muerte a los 96 años, ocurrida en diciembre del año pasado.
La Argentina tuvo que esperar hasta 2010 para ganar con El Secreto de sus Ojos su segundo Oscar.
Visitas: 0